La Cobra : identificacion descripcion distribucion origen evolucion
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LA COBRA




Nombre Científico : Ophiophagus hannah

Familia : Elápidos

Orden : escamosos

Suborden : Ofidios

Clase : Reptiles

Identificación : Elápido alargado y de gran tamaño, y capucha no tan pronunciada como la de las cobras del género Naja. Coloración parda y olivácea, a veces amarillenta, con partes ventrales de color más claro; las escamas de la cabeza están orladas de negro.

Tamaño : Entre 3,5 y 4 m de longitud media (tamaño máximo,cerca de 6 m).

Peso : Un ejemplar bien nutrido, de 4,7 m de longitud, pesa unos 12
kg

Distribución : Sur y este del subcontinente índico; sudeste asiático desde Birmania hasta el sur de China y Filipinas por el este, y hasta java y Bali por el sur, incluidas Sumatra, Borneo y Célebes.

Hábitat : Selvas pluviales y monzónicas, plantaciones de café y té, estuarios y manglares y otros hábitats húmedos o con abundancia de agua, además de vegetación densa.

Alimentación : Esta cobra se alimenta casi exclusivamente de serpientes, por lo general de gran tamaño, como serpientes rateras indias, culebras de agua asiáticas o incluso pitones. De forma ocasional, también consume varanos.

Reproducción : Tras unos 40 días de incubación, la hembra pone de 18 a 43 huevos (de 34 a 60 mm de diámetro y 40 g de peso como promedio).



Como los demás elápidos, las cobras tienen colmillos acanalados situados frontalmente y un potente veneno que suele ser neurotóxico. Aunque están más diversificadas en África, donde existen varias especies escupidoras y otras acuáticas, arbóreas y excavadoras, las cobras más conocidas son probablemente las asiáticas. Entre estas últimas figura la cobra real, que es la mayor serpiente venenosa del mundo. Monarca indiscutible de un reino que se extingue -las selvas pluviales y otros biotopos amenazados del Asia tropical-, este elápido que se alimenta casi exclusivamente de ofidios no vacila en atacar a otras especies venenosas e incluso a pitones reticuladas que ha superan en tamaño.



ORIGEN Y EVOLUCION




Anápsidos y diápsidos


Los reptiles aparecieron en el Carbonífero superior (hace unos 300 millones de años) y sus primeros representantes eran anápsidos (carecían de orificios en la región temporal del cráneo), perteneciendo a un grupo cuyos únicos supervivientes actuales son los quelonios o tortugas.


En el Pérmico(unos 30 millones de años después) apareció un segundo grupo de reptiles que ya tenían dos aberturas temporales a cada lado de la cabeza: eran los diápsidos, que iniciaron un linaje que luego incluiría a la mayoría de los reptiles extinguidos (dinosaurios y pterosaurios) y a todos los reptiles actuales, excepto los quelonios, los escamosos, los rincocéfalos y los crocodilios. Al igual que los saurios, los ofidios son escamosos y si bien el primer fósil conocido de ofidio tiene “apenas” 95 millones de años antigüedad, es posible que este suborden empezara a diferenciarse de los saurios mucho antes (hace unos 140 millones).


De hecho, hace más de 150 millones años, todavía en el Jurásico, se separaron los dos linajes principales de los escamosos: por un lado, los iguaninos (los ancestros de las actuales iguanas, camaleones, etc.), que “capturan” y saborean su alimento con una lengua gruesa y carnosa; y, por otro, los escleroglosos, cuyos actuales representantes agarran el alimento con las mandíbulas y transportan las moléculas olorosas con la lengua hacia el órgano de Jacobson. Si, de acuerdo con el herpetólogo H.W. Greene, se considera que los escleroglosos comenzaron a diferenciarse en varios grupos o linajes “poco” tiempo después de su aparición, no es aventurado suponer que uno de estos linajes fue el que condujo a los actuales ofidios.



El desarrollo de los ofidios


Es probable que el inicio de los ofidios tuviera lugar en Gondwana, ya que sus fósiles más antiguos -así como la mayoría de las serpientes primitivas actuales- se encuentran en los continentes meridionales, es decir, en los fragmentos de aquel antiguo continentes meridionales, es decir, en los fragmentos de aquel antiguo continente austral. Entre los escasos fósiles de ofidios primigenios figura Dinilysia patagónica, del Cretácico, cuyo cráneo recuerda al de los actuales cilindrófidos, unas serpientes bastante primitivas del sur de Asia.


Sin embargo, y pese a la escasez del registro fósil, los herpetólogos están de acuerdo en que la gran radiación evolutiva del suborden ofidios no se produjo en el sur sino en el norte: se fraguó en Laurasia al iniciarse el Cenozoico y, al igual que sucedió con aves, roedores, primates y carnívoros se tornó explosiva durante el Mioceno, período en el que aparecieron muchos de los géneros de los géneros actuales de ofidios colubroides. Los colubroides constituyen hoy más del 80% de la fauna ofídica del mundo, y algunos géneros actuales ya habían aparecido a principios del Mioceno, es decir, hace 25 millones de años.


Entre ellos había algunos elápidos, y es posible que sus ancestros -cuyos fósiles no conocemos- llevaran una vida subterránea, ya que la ausencia de escama boreal es un rasgo que la familia de las cobras, kraits y serpientes marinas comparte únicamente con los atracaspídidos -unas “víboras” subterráneas que se clasifican en una familia distinta de los vipéridos- y con unos pocos colúbridos excavadores.
Cinco o seis millones de años después de la aparición de los primeros géneros de elápidos, se formaban en Eurasia las primeras especies de Naja, no muy distintas de las cobras que conocemos hoy.




TODAS LAS COBRAS




Las familia de los elápidos, a la que pertenece la cobra real, cuenta con unas 272 especies terrestres y unas 60 marinas, pero sólo algunas de las primeras pueden considerarse cobras verdaderas. Todas ellas pertenecen a la subfamilia Elapinae (elapinos) y a alguno de los géneros siguientes: Naja, Haemachatus, Boulengerina, Aspidelaps, Pseudohaje y Paranaja.



COBRA NEGRIBLANCA O DE BOSQUE

(Naja melanoleuca)Mide de 1,5 a 2 m como media y vive en zonas forestales y sabanas del África subsahariana. Se alimenta sobre todo de sapos y ranas, aunque también consume pequeños mamíferos, serpientes y peces de movimientos lentos.



COBRA ESCUPIDORA DE CUELLO NEGRO

(Naja nigricollis)Es mayor de las cobras escupidoras o esputantes africanas: mide de 1.5 a 2.2 m de longitud como media, si bien puede alcanzar los 2,8 m. Vive en sabanas húmedas de África al sur de los 25° N, incluidas la provincia sudafricana de El Cabo, Namibia y el sur de Angola.



COBRA DE EL CABO

(Naja nivea)Es endémica de África meridional, mide de 1,2 a 1,6 m (2m como máximo) y su coloración es extremadamente variable (amarilla, negra, pardorrojiza). Sólo se encuentra en Sudáfrica y en la mitad sur de Namibia, donde habita en sabanas secas, afloramientos rocosos y zonas montañosas.



COBRA DE KATI

(Naja katiensis)No supera los 2 m de longitud, tiene el dorso pardo claro uniforme, con una o dos barras negras detrás del cuello, y el vientre blanco rosáceo. Es propia de las zonas de Sahel: Mali, norte de Nigeria, Burkina-Faso y norte de Ghana.



COBRA PALIDA

(Naja pallida)Similar a la anterior, esta cobra de vientre amarillento vive en África oriental, desde Egipto hasta Tanzania.



COBRA DE MOZAMBIQUE

(Naja mossambica)Pese a su pequeño tamaño -de 1 a 1,2 m de longitud media, y rara vez más de 1,5 m-, esta cobra escupidora parece tener una reserva de veneno inextinguible. Su distribución abarca desde el sudeste de Tanzania hasta el nordeste de Namibia y el este de Sudáfrica.



COBRA DE ASIA CENTRAL

(Naja oxiana)Esta cobra de coloración variable no alcanza los 2 m de longitud, y su área de distribución se extiende desde el sudeste del mar Caspio hasta el este de Kazajstán y el norte de Pakistán.



COBRA INDIA O DE ANTEOJOS

(Naja naja)Es quizá la más famosa de las cobras e indiscutiblemente la más venerada. Mide de 1,4 a 1,6 m de longitud como media, siendo 2,25 m el tamaño máximo conocido. Su coloración, que es muy variable (pardo claro, negro, etc.), puede ser uniforme o mostrar franjas transversales; a menudo presenta un dibujo en forma de anteojos en la parte dorsal de la capacha. Su distribución abarca el este de Pakistán, Sri Lanka y casi toda la India y Bangladesh.



COBRA DE MONÓCULO O MONOCELADA

(Naja kaouthia)Esta cobra, que a menudo supera los 2 m de longitud, se caracteriza por tener un único ocelo en la parte dorsal de la capucha. Considerado por algunos autores como una subespecie de la cobra de anteojos, este ofidio se extiende desde el norte de la India hasta la Malasia peninsular y Vietnam, incluidas las islas Andamán, Birmania, el sudoeste de China y el centro y sur de Tailandia.



COBRA DE SUMATRA

(Naja sumatranus)También considerada hasta hace poco como una subespecie de la cobra de anteojos, este ofidio es de pequeño tamaño, hay que rara vez sobrepasa 1 m de longitud, y de coloración uniforme, generalmente negra y a veces parda oscura. Su área de distribución se extiende pro Sumatra, Borneo y Palawán, donde ocupa hábitats selváticos y a menudo agrícolas.



COBRA DE JAVA

(Naja sputatrix)Esta especie, que rara vez supera los 1,5 m de longitud, es una cobra esputante que, en lugar de morder, tiende a escupir su veneno a los ojos del agresor. Vive en java y en las islas pequeñas de la Sonda, incluyendo Komodo.



COBRA DEL SUDESTE DE FILIPINAS

(Naja samarensis)De 1,20 m de longitud como media, tiene el dorso negro uniforme con la piel amarilla clara entre las escamas, la garganta igualmente amarilla y el vientre crema. Como indica su nombre común, vive en Filipinas, en las islas de Mindanao, Samar, Leyte, Bohol y Camiguin.



COBRA DEL NORTE DE FILIPINAS

(Naja phillipinensis)Esta pequeña cobra mide 1 m de longitud como media. Su coloración varía del amarillo al verde oliva, con el vientre amarillento o crema, y su distribución abarca las islas de Luzón, Mindoro, Mazbate y Marindunque.



COBRA O ASPID DE EGIPTO

(Naja haje)Esta cobra, que según parece causó la muerte a Cleopatra, mide de 1,2 a 1,8 m como media, pero puede acercarse a los 3 m longitud. Vive en zonas secas de África (subespecie Annulifera) y Arabia.



COBRA DE SIAM

(Naja siamensis)Muy recientemente definida como especie, esta cobra de color dorado vive en zonas boscosas, a veces junto a lugares habitados, de Tailandia y la península malaya.



COBRA DE CHINA

(Naja atra)De coloración bastante variable, esta cobra, que rara vez supera los 1,5 m de longitud, puede mostrar un dibujo de anteojos o bien un simple ocelo en la parte dorsal de su capucha. Vive en China y Vietnam, y en algunas zonas es objeto de gran veneración.



COBRA ESCUPIDORA ANILLADA O RINKHALS

(Haemachatus haemachatus)Es el único elápido vivíparo de África. Se alimenta principalmente de sapos, mide 1m como media y, contrariamente a muchos otros elápidos, tienen las escamas carenadas. Su distribución se limita al extremo sur de África desde el nivel del mar hasta los 2.500 m de altitud.



COBRA DE HOCICO EN ESCUDO

(Aspidelaps scutatus)Mide apenas 50-75 cm de longitud, tiene el cuerpo grueso y sólo se encuentra en las sabanas y zonas áridas de África meridional. Tiene el rostro muy modificado y su amplio escudo rostral, cóncavo por debajo, se curva hacia atrás por encima del hocico.



COBRA CORAL

(Aspidelaps lubricus)Vive en las sabanas y zonas áridas de África meridional. Mide entre 50 y 75 cm de longitud. Recibe su nombre por su coloración pardorrojiza con franjas negras. Al igual que la cobra de hocico en escudo, usa su hocico como una pala excavadora para perforar el suelo arenoso. Crepuscular y nocturna, se alimenta sobre todo de ranas, lagartos, roedores y grandes termitas.



COBRAS ACUATICAS

(género Boulengerina)Las dos especies de cobras acuáticas sobrepasan a veces los 2,4 m de longitud y habitan en las orillas rocosas de los grandes lagos africanos, donde se alimentan principalmente de peces.



COBRAS ARBORÍCOLAS

(género Pseudohaje)Las dos especies del género Pseudohaje alcanzan dimensiones similares pero están muy adaptadas a al vida arbórea: son delgadas, de coloración brillante y contrastada y con los ojos grandes. Según parece, se alimentan principalmente de ranas arborícolas. Viven en selvas pluviales y en otras zonas arboladas de África ecuatorial.



COBRA EXCAVADORA

(Paranaja multifasciata)Todavía menor que las anteriores es la capucha de esta cobra, un ofidio pequeño (no suele superar los 60 cm de longitud) y escasamente conocido de África central.




ADAPTACIÓN AL MEDIO Y DEFENSAS




Ectotermia

Como los demás reptiles, las cobras son animales ectotérmicos (de “sangre fría”), lo que significa que no necesitan mantener una elevada temperatura corporal para asegurar sus funciones vitales. Como la gran mayoría de serpientes, no tienen que comer con frecuencia, y ello les permite contraer su sistema digestivo durante largos períodos de tiempo, reduciendo así todavía más su gasto energético. Esta capacidad permite a algunas especies como la cobra de Asia central o el áspid vivir en áridos desiertos en los que escasean las presas.


Además, todas las cobras experimentan prolongadas mudas en las que el animal no se alimenta en absoluto. La cobra real, por su parte, vive en hábitats provistos de una buena cobertura vegetal y con abundancia de agua, pero gracias a la ectotermia y a la lentitud de su metabolismo, la hembra puede vigilar su nido durante dos meses sin cazar. La ectotermia permite asimismo tener un cuerpo estrecho y alargado, lo que ofrece varias ventajas, entre otras, la posibilidad de deslizarse en estrechos escondrijos. Además, tener una gran superficie con respecto al volumen corporal permite paliar la pérdida de calor exponiendo el cuerpo a la luz solar o apretándolo contra una roca caldeada por el sol; las serpientes también palian esta pérdida enroscándose sobre sí mismas o bien mediante cambios fisiológicos.


Todas estas adaptaciones son vitales incluso para las especies de cobras que viven en el trópico, porque también allí existen importantes oscilaciones térmicas entre el día y la noche o entre las épocas secas y los períodos lluviosos.



Vista y oído

Con sus ojos prominentes y su gran tendencia a reaccionar frente a los estímulos visuales móviles, la cobra real parece un reptil inteligente. Esta es, por lo menos, la reputación que tiene entre los cuidadores de terrarios, quienes aseguran que los ejemplares cautivos se anticipan a las rutinas de alimentación y limpieza. Aunque su vista es más aguda que la de la mayoría de serpientes, la cobra real no ve los colores y sólo percibe los objetos cuando están en movimiento.


Debido a ello, y por mucho que su aguzada visión desempeñe un importante papel cuando persigue a otra serpiente, el elápido debe utilizar también ese sentido olfativo-gustativo común a todos los ofidios que consiste en usar la lengua bífida para recoger información química del ambiente y enviarla al órgano de Jacobson.
La importancia de este sentido quimiorreceptor es tanto mayor cuanto que las serpientes viven en un mundo prácticamente silencioso.


Sin embargo, y contrariamente a lo que se ha dicho siempre, no son del todo sordas. Aunque carecen de oído externo y de tímpano, estos reptiles son capaces de detectar vibraciones en el suelo o en el agua. Las cobras no son la excepción a la regla, y además de dichas vibraciones es posible que, como otros ofidios en los que se ha demostrado esta facultad, puedan oír sonidos de baja frecuencia.



Mecanismos de defensa

Para hacer frente a sus agresores, las cobras adoptan una postura erguida y expanden la piel del cuello formando una vistosa capucha. Esta postura, que se utiliza no sólo para advertir al agresor sino también para atacarle o para capturar a las presas, probablemente es innata en todas las especies. En la cobra real y en muchas Naja africanas, la capucha es más larga y estrecha que en la mayoría de cobras asiáticas. Otros géneros como Aspidelaps, Boulengerina e incluso algunas mambas (Dendroaspis), también despliegan una capucha, pero ésta es más pequeña que en las cobras anteriores.


Otros elápidos ensanchan todo el cuerpo, como los Acanthophis australianos y los coralillos americanos, o bien extienden ligeramente la parte anterior del cuerpo, como el australiano Notechis scutatus. Por lo demás, los elápidos no son los únicos ofidios que levantan la cabeza y extienden el cuello para defenderse de los agresores. También lo hacen numerosas especies de colúbridos e incluso algunos lagartos serpentiformes, como Pygopus nigriceps de Nueva Guinea y Australia. Aunque se ha dicho que estas coincidencias podrían obedecer a un mimetismo batesiano -la imitación de un animal protegido por su veneno u otro sistema de defensa eficaz-, lo cierto es que la adopción de una postura de este tipo no es exclusiva de las reptiles que viven en las regiones donde hay cobras.


Por ejemplo, la utiliza el colúbrido Liophis reginae propio de Sudamérica, un continente en el que no existen las serpientes venenosas con capucha.
Al igual que el ocelo o los anteojos que algunas cobras muestran en el dorso, es posible que la capucha tenga un valor defensivo por sí mismo y no tanto porque el animal que la despliega sea venenoso o, siendo inofensivo, imite a otro peligroso. Experimentos realizados demostraron que el miedo a los ocelos era innato en depredadores, que sólo desisten de estas actitudes tras un lento aprendizaje, y es muy posible que el miedo a un reptil que se levanta e hincha el cuello lo sea también.




ANATOMÍA DE LA COBRA REAL




Como la mayoría de los ofidios, la cobra real no sólo carece de patas sino además de cinturas escapular y pélvica. Su gran número de vértebras permite una gran flexibilidad de la columna vertebral, sin merma alguna de su estabilidad gracias al refuerzo adicional que proporcionan las proyecciones vertebrales.


CRANEO

De tipo diápsido, el cráneo se articula con la primera vértebra mediante un cóndilo occipital único, lo que le confiere una gran movilidad. Mucho más flexible que el de otros reptiles, especialmente en el punto de unión de las dos mitades de la mandíbula inferior, permite tragar presas mucho mayores que el grosor de la cabeza.


COLMILLOS


Como todos los elápidos, la cobra real es un proteroglifo, cuyos “colmillos” del veneno están situados frontalmente en la mandíbula superior. Son prácticamente inmóviles y permanecen casi verticales cuando el reptil cierra la boca. Ello impone un límite a su longitud y así, mientras los colmillos de una cobra real de casi 4 m de longitud no miden más de 11 mm, los de una víbora `el Gabón (Bitis gabonica) de 1,8 m miden 29 mm.


OJOS

Como en otras serpientes, difieren en gran medida de los de otros vertebrados e incluso de los de los saurios. Así como estos últimos distorsionan el cristalino para enfocar los objetos próximos, las serpientes realizan el enfoque desplazando el cristalino con respecto a la retina de un modo análogo al objetivo de una cámara fotográfica.
Tienen la pupila redonda, como corresponde a un reptil diurno; los párpados están soldados entre sí y forman un lente transparente encima del ojo.


PIEL

Muy pobre en glándulas, está en cambio muy bien dotada de terminaciones nerviosas que, aisladas o en grupos, actúan como sensibles órganos táctiles


CABEZA

Muestra dos abultamientos a la altura de las sienes, correspondientes a las glándulas que segregan el veneno.


CAPUCHA

Proporcionalmente más estrecha y alargada que en otras cobras; su extensión es posible gracias a una modificación anatómica: la prolongación de las costillas anteriores, que extienden la piel del cuello lateralmente y un poco hacia delante.


ESCAMA


Son engrosamientos de la capa córnea de la epidermis; sirven principalmente para evitar la deshidratación y, en el caso de las escamas ventrales, para facilitar la locomoción.


LENGUA


Larga, bífida, protráctil y en constante movimiento, está perfectamente adaptada para obtener información química sobre el entorno. Cada vez que la cobra saca la lengua, extrae partículas del aire, el suelo o el agua y, al volverla a meter en la boca, las conduce hasta el órgano de Jacobson, situado en el paladar. Gracias a su conexión nerviosa con el cerebro, esta compleja estructura se encarga de analizar químicamente las partículas extraídas por la lengua y proporcionar una información precisa sobre la presencia de depredadores, presas, rivales o compañeros sexuales en su entorno inmediato. Este órgano también actúa como un hidrómetro que detecta el grado de humedad del aire, lo que permite al reptil detectar a distancia la presencia de agua.


CICLO VITAL



Apareamiento y puesta

La cobra real se aparea tras un estereotipado cortejo que se inicia con un acercamiento sigiloso del macho -de lo contrario, la hembra podría matarlo de un mordisco-. Más prolongada que el cortejo, la cópula puede durar hasta tres horas, pero éste será todo el contacto que se producirá entre ambos sexos. Cuarenta días después, la hembra recoge fragmentos de vegetación muerta y suelo del bosque, haciendo un bucle con la parte anterior del cuerpo para poder arrastrarlos, y los va amontonando hasta construir un nido cónico, que suele medir unos 30 cm de altura y unos 70 de diámetro.


La incubación dura unos dos meses y suele coincidir con el monzón o época de lluvias. Durante mucho tiempo, debido en parte a la rareza de esta especie y a lo difícil que es encontrar sus nidos en plena jungla, se creyó que la hembra era muy agresiva durante el período de incubación. La realidad es bien distinta, ya que este tímido y escondedizo ofidio huye rápidamente hacia la espesura ante la presencia del ser humano o de cualquier depredador de gran tamaño, aunque eso sí, sin alejarse del nido y volviendo inmediatamente a él tan pronto como se aleja el peligro.


Por lo demás, la cobra hembra sí defiende activamente su puesta frente a las mangostas u otros depredadores pequeños y, si algún huevo ha quedado al descubierto, lo introduce de nuevo en el nido. La vigilancia de los huevos tiene el coste fisiológico adicional que supone no alimentarse durante un largo período.


Mudas y madurez sexual

Cuando nacen, las crías apenas miden unos 50 cm y, pese a la eficacia de su aparato de veneno y a la doble función de advertencia de su coloración brillante y de su capucha extendida, son muy vulnerables. Como los adultos, lo son especialmente durante las mudas, necesariamente frecuentes para hacer frente a un rápido crecimiento. La primera de estas mudas se produce poco días después de la eclosión, por lo general antes de la primera comida, y durante un año, la serpiente muda cada mes.


Con la edad, la frecuencia de las mudas se reduce progresivamente, al tiempo que decrece la velocidad de crecimiento, se aclara el color del cuerpo y se difuminan las franjas transversales. Esta última tendencia parece coincidir con el incremento en la velocidad de locomoción. Hacia los tres años de edad, las jóvenes cobras alcanzan la madurez sexual, pero no detendrán su crecimiento hasta los diez años o más. Listos ya para aparearse, los machos deberán hacer frente a otros machos rivales, si bien esta rivalidad probablemente está más relacionada con el territorio que con el acceso a las hembras.


En todo caso, los encuentros entre rivales, potencialmente letales debido a la actividad de su veneno, casi nunca se saldan con la muerte de uno de los contendientes ya que el combate está ritualizado en extremo.



LA CAZA



La dieta

Como todos los ofidios, la cobra real es exclusivamente carnívora. Dotada de una visión aguda pero que sólo permite detectar presas en movimiento, no se alimenta nunca de animales muertos y, además, es muy exigente por lo que respecta a su dieta. Como indica su nombre científico -Ophiophagus significa “la que como serpientes”-, esta cobra alimenta casi exclusivamente de ofidios, habitualmente de gran tamaño, pudiendo tragar animales muchos mayores que ella gracias a la gran capacidad de dilatación de sus mandíbulas y vértebras.


Si bien sus presas más usuales son las serpientes rateras (Ptyas mucosus) y otros grandes colúbridos que no suelen superarlas en tamaño, se ha observado en más de una ocasión como una gran pitón reticulada (Python reticulatus) era devorada por una cobra real mucho menor. Por lo demás, la cobra real también consume otros elápidos, tales como otras cobras y kraits (género Bungarus). Ocasionalmente, la cobra real también devora varanos e incluso anfibios, pero casi nunca animales “de sangre caliente” (homeotermos) ni tampoco peces, pese a que acude a menudo al agua donde nada con soltura.


El ataque

Terrestre y parcialmente arbórea, la cobra real es sobre todo diurna, pero tiende a ser más nocturna en algunas zonas de su gran área de distribución. Cuando está lo bastante cerca de su presa - o de algún depredador que al acorrala, lo que no es muy usual ya que suele huir con sorprendente rapidez ante cualquier amenaza, la cobra se yergue extendiendo la capucha, calcula la distancia con su aguzada visión y apunta al blanco. Súbitamente, su cabeza se proyecta hacia delante y hacia abajo, y una fracción de segundo después se produce la mordedura letal.


Mientras los colmillos se aferran a la presa, el veneno se difunde lentamente por el torrente sanguíneo de ésta, provocando su muerte por paro respiratorio unos minuto después. Para matar a una serpiente ratera de unos 2 m de longitud, una cobra real de 4 m tiene que esperar unos 20 minutos, inyectándole su veneno sin soltar la presa. Aunque la probabilidad de que un humano sea atacado por una cobra real es escasa, debido a su rareza y a su tendencia a huir ante el menor atisbo de peligro, su mordedura puede acabar con la vida de una persona en pocos minutos; incluso es suficiente para matar un elefante en unas pocas horas si el ofidio consigue inocularle su veneno, lo que es perfectamente posible si le ataca en la punta de la trompa o en la base de las uñas, donde la piel es más fina.


Incluso las crías recién nacidas son peligrosas: aunque no se alimentan durante los primeros días de vida, su aparato inoculador de veneno es perfectamente funcional, y son capaces de matar un cobaya adulto en menos de 25 minutos.


La utilidad del veneno

A principios del XIX, un siglo y medio después de que el florentino Francesco Redi “descubriera” algo ya bien conocido por la medicina india ayurvédica, que el veneno de serpiente brota de sus colmillos (en la ilustración inferior puede observarse su extracción), los europeos empezaron a sospechar la ineficacia de la tríaca, ese remedio para todo inventado por un médico de Nerón que contenía carne de víbora. A fines del mismo siglo, al mostrar que en el mismo veneno de un elápido australiano (Pseudechis porphyriacus) podían coexistir varias propiedades biológicas distintas, el científico australiano C.J. Martín habría el camino hacia su posterior utilidad farmacológica.


Desde entonces se ha progresado mucho en la comprensión química de estas sustancias y en sus aplicaciones médicas. El ejemplo más conocido es el del Captopril, fármaco sintetizado a partir del veneno de Bothrops jararaca y que protege el corazón de los pacientes hipertensos; pero existen muchos más, como el Reptilase, que se extrae de Bothrops atrox y que se utiliza como antihemorrágico en intervenciones ginecológicas, en cirugía maxilo-facial y en estomatología; el ancrod, un enzima aislado de Agkistrodon de las trombosis; la ecarina aislada de las víbora Echis carinatus, la trombocitina y la batroxobina extraídas de Bothrops atrox, etc.


Todas estas sustancias tienen un gran valor como reactivos en hemología. Dentro ya de los elápidos, cabe mencionar la erabutoxina aislada de la serpiente marina Laticauda semifasciata, que sirvió para caracterizar el receptor de la acetilcolina; las dentdrotoxinas extraídas de las mambas (Dendroaspis), que son valiosos instrumentos neuroquímicos por su gran afinidad hacia los canales de potasio de las membranas celulares; las X-toxinas extraídas de los kraits Bungarus multicintus y B.flaviceps , o la a-bungarotoxina aislada en B.multicintus, que desempeñó un papel clave en el estudio de la patogénesis de la miastenia gravis. A la misma categoría que esta última -la de las neurotoxinas “curarizantes”, cuya acción paralizante es similar a la del curare -pertenece la primera neurotoxina que se aisló en estado puro, la cabrotoxina de Naja atra, una de las muchas toxinas segregadas por cobras cuyo exacto papel está todavía por dilucidar.


El veneno de algunas cobras puede contener hasta diez enzimas distintos, varios tipos de neurotoxinas y cardiotoxinas, y muchos otros componentes de acción poco menos que desconocida. Pese a tal complejidad, dos investigadores británicos consiguieron descubrir que algunos de estos enzimas no tienen una función letal, sino que “preparan” a la víctima para que tenga una muerte “plácida”. Así, estos elementos destruirían las encefalinas y podrían desempeñar, por tanto, el dolor y el estrés.




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